jueves, 11 de enero de 2018

ESPAÑA Y FILIPINAS, UNA HISTORIA COMÚN DE 350 AÑOS. IIª PARTE

En nuestro anterior artículo, España y Filipinas, Iª parte, habíamos dejado a nuestros dos personajes principales, fray Andrés de Urdaneta y sus agustinos, trabajando por la evangelización y a su familiar, Miguel López de Legazpi por la conquista y población de las Islas Filipinas, Carolinas y Marianas. El primero, además, como descubridor del Tornaviaje, que permitió la labor del segundo al facilitar una ruta de vuelta.

En España gobierna Felipe II, desde 1556 tras la abdicación, en Bruselas, de su padre Carlos I, y es rey de Portugal desde 1581, en que es reconocido como tal por las Cortes de Tomar. Esto y el pacto de Zaragoza así como un importante pago por el último rey prtugés, zanja las disputas por las Filipinas, pero no produce cambios reales en las zonas de influencia de ambos países. por tanto el galeón de Manila seguirá conectando Filipinas con la metrópoli a través del Virreinato de Nueva España (Méjico). Esta es otra diferencia importante, el contacto y la dependencia orgánica de las Islas Orientales es de este Virreinato y no de la metrópoli.



La conquista y evangelización de las Islas Filipinas (Indias Orientales) se desarrolla de una forma diferente a la de las Indias Occidentales. El sistema de encomiendas es escaso así como la presencia de españoles de la metrópoli y las condiciones de vida de estos es dificultosa y carece de incentivos económicos, que hizo que se pensase en abandonarlas y si no se efectuó este abandono fue por la bula papal que instaba a su evangelización y por el celo y denuedo con que ésta se llevó a cabo desde el principio, comenzando con los cinco frailes agustinos que acompañaban a Legazpi en su expedición. Posteriormente llegaron franciscanos en 1578, los jesuitas en 1581, dominicos en 1587 y finalmente los agustinos descalzos en 1606. Los franciscanos llegaron pobres y seguían siéndolo en 1898; no así los dominicos que atesoraron grandes propiedades, cuando ambos fueron expulsados tras la guerra del 98.


Aunque parezca una broma, lo cierto es que tanto los agustinos como el propio Legazpi, intentaron convencer al rey Felipe II para llevar a cabo la conquista de China y usar Filipinas como trampolín en esa conquista y evangelización. Existen documentos y cartas con esas propuestas que fueron abandonadas tras el desastre de la Armada Invencible en mayo de 1588.

La dependencia orgánica de Nueva España y la duración del viaje de vuelta del Galeón, con frecuentes muertes por escorbuto, impulsó la exploración de la Alta California para encontrar posibles escalas que mitigaran la gran dureza del viaje, que casi duplicaba al de ida. Desde el tornaviaje de Urdaneta, en 1565, hasta 1812/15, cuando Méjico inicia su levantamiento (1810 a 1821) frente a la Corona, navegaron unos 230/242 galeones, registrados, de los cuales únicamente cuatro fueron apresados por los piratas; tres en alta mar y uno en 1762 entrando en la bahía de Manila; cuando a consecuencia de la Guerra de los Siete Años, los ingleses ocuparon esta parte de Filipinas; ocupación que duró dos años y acabó con la paz que puso final a esa guerra. Otros 28 galeones fueron destrozados por el mar.
Galeón tipo del S.XVI
Otras diferencias entre la conquista de las Indias occidentales y las Orientales, es que esta fue mucho menos violenta por la menor agresividad de los nativos filipinos y porque estos estaban muy dispersos por las mil islas habitadas de las 7.000 que conforman el archipiélago y no conformaban grandes tribus.. Los filipinos aceptaron muy bien a los españoles y cuando hubo guerras contra los chinos y los ingleses, siempre estuvieron del lado español. Tampoco hubo la gran mortandad por enfermedades transmitidas por los cerdos, caballos y otros animales que llevaban los colonizadores porque ya había en las islas. Durante los primeros años y gracias a la gran formación y preparación de los misioneros la evangelización fue rápida y además estos en lugar de empeñarse en enseñar en español. aprendieron ellos los idiomas locales y en ellos les cristianizaron y educaron.

En los primeros 20 años desde la llegada de Legazpi, la población de filipinos cristianos ya superaban los 500.000. Hoy en día esta cristianización alcanza al 95% de la población y sus celebraciones gozan de gran fervor popular como la procesión del Nazareno negro que nos recuerda al traslado de la Blanca Paloma en Ayamonte, Huelva, durante el Rocío


El nazareno negro de Manila
Los religiosos desarrollaron una función cultural de tal magnitud que las primeras universidades de la zona se construyeron en estos territorios. La Universidad de Santo Tomás, es una universidad de la Orden de los Dominicos situada en Manila, fundada en abril de 1611.Actualmente pasa por ser la universidad más antigua de Asia. s. En 1876 había ya 1.779 escuelas, en las que se educaban 385.907 niños. Según la Memoria de la Instrucción Pública Superior, presentada en 1887, había en esa fecha en Filipinas 60.492 alumnos de segunda enseñanza, y más de 6.000 estudiantes de enseñanza superior, entre universidad, escuelas de artes oficios, náutica, formación de maestros y otras. Finalmente, otros datos señalan que entre 1861 y 1898, 40.158 alumnos, en su mayor parte filipinos, asistieron a la Universidad de Santo Tomás. El 89% de esos estudiantes siguieron una educación secular, licenciándose en derecho (34%), en medicina (22%) y en filosofía (22%). Posteriormente muchos de ellos prosiguieron en Europa su especialización en leyes, medicina o ingeniería.Otros restos de nuestra presencia están reflejados en ciudades como Vigan (Patrimonio de la Humanidad en 1999). A finales del S.XIX el porcentaje de analfabetismo era menor que en la Península y comparable al de países como Francia.


Centro histórico de Vigán, Patrimonio de la Humanidad desde 1999
Conviene que se conozca que ni las Islas Filipinas, ni las Islas Marianas, ni las Islas Carolinas nunca tuvieron consideración de colonias, sino como provincias españolas, cuyos naturales gozaban de los mismos derechos y sujetos a los mismos deberes que los españoles residentes en las mismas. Nuestro ordenamiento jurídico vigente en estos archipiélagos, tenía su base en las Leyes de Indias; no ha habido en el mundo un ordenamiento jurídico más extenso y mas beneficioso para el “indio”, o natural, como el promulgado por la Corona en el año 1512, mediante las famosas Leyes de Burgos, ampliándose sus capítulos, tanto en derechos y obligaciones, mediante las Leyes Nuevas del año 1542, cuya primera recopilación, ampliación y reforma se realizó en el año 1660 con la Recopilación de las Leyes de Indias.

Como ya he indicado, la presencia y conquista fue posible gracias a los religiosos y también a los chinos que eran quienes realizaban todos los trabajos y oficios para una vida "confortable": sastres, albañiles, fontaneros, peluqueros, peones agrícolas, comerciantes, tenderos..., si bien periódicamente se les expulsaba por el número creciente de los mismos, manteniendo un equilibrio entre necesidades e inmigración. Muchos de estos chinos se casaron con filipinas y crearon allí sus hogares. En 1650, cuando en Manila vivían ya cuarenta y dos mil personas, había quince mil chinos, siete mil españoles y veinte mil filipinos. La mayoría del comercio estaba en manos de novohispanos (mejicanos) y la presencia de españoles raramente superó los 10.000.

El Galeón realizaba el trasvase de plata desde Acapulco a Manila y allí cargaba especias, seda y porcelana china para la vuelta, que desde Acapulco se distribuía entre América y la Península. Las ganancias de dicho comercio malograron los esfuerzos por establecerse en un puerto de la costa china, como habían hecho los portugueses en Macao, y poder así negociar directamente con China. Comercio lucrativo para los comerciantes pero no para la Corona que con los impuestos no cubría los costes de mantenimiento de la Administración.
Comercio Península-Filipinas a través de Méjico
La plata se empleaba para el pago de la Administración del archipiélago y la seda, porcelana y demás productos de China. Esta plata era muy valorada por los chinos y especialmente las monedas acuñada en Nueva España y que muchos gobiernos regionales del continente volvían a reacuñar. Esta plata era más apreciada que el oro. Durante algunos años los galeones fueron dos y ello provocó las quejas de los productores españoles de seda que se quejaban de que no podían competir con los chinos; igual que ahora. Manila llegó a ocupar una posición estelar en el centro de los cuatro puntos cardinales más ventajosos del mundo: por el norte recibía las sedas y porcelanas chinas; por el sur, el clavo, la nuez moscada y todas las especias de las Molucas; desde el oeste le llegaban (a menudo por intermediarios chinos) los algodones indios y el marfil del sudeste de Asia; y desde el este fluía un chorro inagotable de monedas de plata con que comprarlo todo y reexpedirlo hacia América.

Por la permanencia española en las Islas Filipinas, Islas Marianas, Islas Carolinas y Palaos, durante más de 300 años, España hubo de pagar un alto precio, invirtiendo muchos millones de pesos y toneladas de plata, que llegaron a representar entre un 10% y un 15% de las aportaciones a la Hacienda Real. ¿Valió la pena?; económicamente es evidente que no pero ¿cómo valorar la parte no crematística de lo realizado?. ¿como es que a pesar de inversiones y permanencia, actualmente solo el 2% de los filipinos hablen español o chabacano (una mezcla de tagalo con un 80% de palabras en español). Porcentaje que a finales del XIX representaba un 10% y que servía de medio de entendimiento entre los naturales que tienen decenas de dialectos, no siempre comprensibles entre ellos mismos. Naturalmente las élites lo hablaban y escribían.

La educación de los filipinos, permitió que muchos de ellos prolongaran sus estudios en España y demás países europeos y ahí nacen, a mediados del S.XIX, los descontentos por la discriminación en la ocupación de los puestos de la Administración y el abuso de algunas órdenes religiosas frente a los propios religiosos filipinos. El principal héroe de la independencia Filipina es Rizal, aunque él no llego a verla, nació en 1861, dos años antes de que que Isabel II dictara una Orden por la que la enseñanza del español era obligatoria, pero ya era tarde y su implantación resultó escasa. Rizal estudió medicina en la prestigiosa universidad de Santo Tomás y continuó en España y en Alemania donde cursó oftalmológica.
Rizal, en pie a la izda.

Sólo en tres momentos puntuales del siglo XIX se reconoció a los filipinos la representación. La primera ocasión se dio en las Cortes Constituyentes de Cádiz . Rizal no olvida mencionar que Filipinas, a diferencia de otras colonias de América, no se aprovechó de la guerra de la independencia porque en aquella época gozaba de representación. La segunda ocasión tuvo lugar durante el trienio liberal. Y la última después de la muerte de Fernando VII, en 1835, ya bajo el Estatuto Real. Entonces le fueron reconocidos dos representantes. Sin embargo, la Constitución de 1837 eliminó esta representación y sancionó una estricta diferencia entre la metrópoli y las provincias ultramarinas. Entonces se justificó tal medida con varios argumentos: su densa población le permitiría contar con una elevada representación que podría desequilibrar las cortes. 


 Entre 1882, fecha en la que Rizal llega a España, y 1896, la fecha de su fusilamiento, se fundan en Filipinas más de cien periódicos y Rizal escribe artículos en los que explica que mientras unos pueblos van envejeciendo, otros nuevos nacen y heredan lo mejor de los primeros: “España, que un día había viajado y había descubierto nuevas tierras, ahora era un país obsoleto incapaz de modernizar e implantar las reformas que necesitaba un país joven, como Filipinas”. Entre otras cosas, denuncia la frailocracia padecida por Filipinas y culpa “a los españoles por no motivar a los indígenas, por considerar al filipino como un ser indescifrable, apático, servil y carente de talento”. A todo ello cabe unir los cuatro artículos que, entre septiembre de 1889 y enero de 1890, publica con el título de “Filipinas dentro de cien años”.

Como reacción a la guerra larga en Cuba, 1868-78 (también llamada la de los diez años), se fomenta el comercio y la emigración peninsular de población civil a las Filipinas. Ello es favorecido por la apertura del canal de Suez, 1869, y la creación de una nueva línea marítima que reduce el viaje de España a Filipinas a un mes. Así, en el último cuarto del S. XIX, se impulsó el desarrollo de numerosas infraestructuras, construcciones y comunicaciones, y se fomentó la creación de empresas de carácter tanto público como privado. De tal forma, en 1870 se estableció un servicio telegráfico interno. En 1873, se creó una compañía naviera que comunicaba diariamente España y Filipinas a través del Canal de Suez. En 1880, se tendió un cable vía Hong Kong que permitió comunicarse telegráficamente con el resto del mundo. En 1882, se introdujo la canalización de agua corriente en Manila. En 1883, se estableció un sistema de tranvías que fue mejorado en los años siguientes. En 1890, se inauguró en la capital un sistema telefónico que posteriormente se extendió a otras islas. En 1891, se construyó una primera línea férrea. En 1895, llegó la luz eléctrica a Manila, y después a otros puntos del archipiélago.


Rizal prosigue en sus artículos señalando que sólo cabe dos alternativas en el futuro: la vía de las reformas profundas que, emprendidas por “las clases superiores”, debería llevar a que Filipinas fuera una provincia más de España, con los mismos derechos y libertades que los territorios peninsulares; o la insurrección violenta que, partiendo de las esferas del pueblo, podría conducir a la independencia después de una fatal guerra sangrienta. Incluso le parece también hiriente la comparación con Cuba y Puerto Rico, que al menos gozaban entonces de representación en las Cortes. El articulista y autor del esclarecedor libro, Noli Me Tangere, señala que el mantenimiento del vínculo entre el Archipiélago y la metrópoli pasa por reformas de gran calado. El 30 de diciembre de 1896 es fusilado Rizal, a pesar de contar con el apoyo del Obispo Nozaleda y este error histórico perjudicó grandemente a España y proporcionó un héroe a la revolución que había estallado unos meses antes. El obispo Nozaleda, último Arzobispo español en Filipinas, volvió a España en 1902 y vivió una persecución política y acusaciones de traición. Nuestro querido profesor Juan Hernandez Hortigüela acaba de publicar el "Último de Filipinas" en la editorial Punto Rojo sobre este personaje que originó un escándalo: La Cuestión Nozaleda

En 1896, la sociedad secreta filipina Katipunan inició una insurrección contra el gobierno colonial español; en ese momento las tropas coloniales estaban compuestas por unos 14.000 hombres del ejército de tierra, en los que estaban integrados contingentes de guardias civiles y carabineros, a los que había que sumar unos 3.000 de la armada, en total unos 17.000 hombres, de los cuales dos tercios eran nativos. El 23 de diciembre de 1897, Primo de Rivera y los rebeldes firmaron el Pacto de Biak-na-Bato. Los líderes independentistas como Emilio Aguinaldo, emprendieron el camino del exilio, no sin antes recibir dinero del gobierno español con el fin de asegurar su subsistencia en el extranjero. La paz, después de muchos esfuerzos, parecía asegurada. Fue entonces cuando entró en escena un actor imprevisto, Estados Unidos.

USS Maine entering Havana harbor HD-SN-99-01929.JPEG
El acorazado Maine entra en el puerto de la Habana
 El 15 de enero de 1898 entró en la Habana, en visita de cortesía sin previo anuncio, el acorazado de 2ª clase el Maine, cuya explosión el 15 de febrero sirvió de escusa a EEUU para declararnos la guerra. Hubo combates terrestres que no fueron fáciles para los americanos que tenían un fusil bastante peor que el mauser de nuestros soldados pero dos victorias navales, en Santiago de Cuba y en Cavite, Bahía de Manila, (1 de mayo) llevaron a la firma del armisticio y a la pérdida de las últimas colonias. Mientras en Cuba murieron cerca de 10.000 hombres en los combates y otros 20.000 por enfermedades, en Filipinas las perdidas "solo" alcanzaron a unos 3.000. Los insurrectos filipinos apoyaron a los EEUU en la creencia de que estos cumplirían su palabra de que les concederían la independencia y dentro de esta dinámica tiene lugar el famoso asedio de Baler, en cuya iglesia resistieron 50 españoles el asedio de los filipinos desde el 30 de junio de 1898 al 2 de junio de 1899
Los supervivientes de Baler
En diciembre de 1898, tras la firma del Tratado de París, Filipinas se convierte en una colonia estadounidense. McKinley –usando el argumento de todos los colonizadores– declaraba entonces que no tenían más remedio que tomar las Filipinas para educar y cristianizar a los filipinos. Desde este punto de vista, los historiadores norteamericanos habrían tratado de demostrar primero que los ilustrados deseaban únicamente el autogobierno; segundo, que estos mismos intelectuales reconocían la inmadurez del pueblo y la necesidad de tutela por una nación avanzada; y tercero, que había una gran diferencia entre la liberal administración norteamericana y el despotismo del gobierno colonial español. 
Emilio Aguinaldo, general y 1er presidente filipino, no reconocido, en 1898
La Isla de Guam fue cedida por España a Estados Unidos mediante la firma del Tratado de París de 1898, El resto de las 14 Islas Marianas restantes, junto con las Islas Carolinas y Palaos, fueron vendidas por España a Alemania previo pago de 25.000.000 de pesetas. Como EEUU no cumplieron su promesa, comenzó la guerra filipina contra ellos el 4 de febrero de 1899 y duró hasta 1902; dejando tras de sí un millón de muertos, de ellos 20.000 soldados filipinos y 4.500 americanos. Terminada la IIª Guerra Mundial, el 4 de julio de 1946, los EEUU concedieron la independencia a las Filipinas.

Entrevista a Emilio Aguinaldo en 1956:
GGR: ¿Está Su Excelencia arrepentido de lo que ha hecho en su vida?
SEÑOR AGUNALDO: Sí. Estoy arrepentido en buena parte por haberme levantado contra España, y es por eso, que cuando se celebraron los funerales en Manila del Rey Alfonso de España, yo me presenté en la catedral para sorpresa de los españoles. Y me preguntaron por qué había venido a los funerales del Rey de España en contra del cual me alcé en rebelión. Y, les dije que sigue siendo mi Rey porque bajo España siempre fuimos súbditos, o ciudadanos, españoles, pero que ahora, bajo los Estados Unidos, somo tan solo un mercado de consumidores de sus exportaciones, cuando no parias, porque nunca nos han hecho ciudadanos de ningún estado de Estados Unidos… Y los españoles me abrieron paso y me trataron como su hermano en aquel día tan significativo…





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