domingo, 10 de febrero de 2019

150/100 ANIVERSARIO DEL ANARQUISMO EN ESPAÑA.

Se acaban de cumplir 100 años del inicio de la huelga de La Canadiense que marca un antes y un después del sindicalismo activo en España y especialmente del anarquismo. En ese momento, se llevaban cumplidos 50 años de la llegada a España del enviado de Bakunin, Giuseppe Fanelli, y  con él del anarquismo; con sus ansias de libertad y de lucha revolucionaria contra el poder y el Estado. Fanelli solo hablaba francés e italiano pero dotado de una personalidad tan magnética que sus seguidores se extendieron no solo por el Levante industrial y proletario si no por el campesinado del sur andaluz. Los antecedentes pueden buscarse en la desamortización de Madoz (1854-56) que llevaron la más absoluta ruina al campesinado castellano y andaluz pues las tierras de baldío y comunales, fueron vendidas y por tanto sacadas del uso gratuito del campesinado. Afortunadamente, el ferrocarril aportó jornales que mitigaron el problema pero a principios de 1866 estalló la primera gran crisis financiera de la historia del capitalismo español. 
                                

El detonante de esta fueron las compañías ferroviarias, que arrastraron con ellas a bancos y sociedades de crédito; trayendo nuevamente las hambrunas. En esa ambiente las teorías de Bakunin y de Prohudom, traídas por Fanelli, encontraron el campo abonado y calaron profundamente . Prohudom, al que el libro que más le había influido era la Biblia, creía que existía un nexo de unión entre la obra de Jesucristo y el mutualismo. “Hace dieciocho siglos, la revolución se llamaba el Evangelio, la Buena Nueva (…) El cristianismo creó el derecho de gentes, la fraternidad de las naciones” y de ahí su idea de federalismo integral. Proponía descentralizar el poder político, disgregar el Estado en comunas y poner la tierra y los instrumentos de producción en manos de los trabajadores. Aquí la doble visión del anarquismo que Gerald Brenan describe en su libro "El Laberinto Español", la religiosa y la política. Religiosa de los cristianos primigenios que rechazan al rico, parábola del camello y la aguja, y la comunión de bienes. El desencanto por el apoyo de la iglesia a los ricos y poderosos y la corrupción de los ricos obispados, hace que su particular visión religiosa, se transforme en un odio feroz a la Iglesia del momento. La inmensa mayoría de iglesias quemadas y sacerdotes asesinados, lo fueron a manos anarquistas. En España triunfaron prioritariamente las teoría de Bakunin, que opinaba que una burguesía/proletariado sin hambre es menos permeable a sus teorías que el hambriento campo del sur de Europa. Los líderes y predicadores del anarquismo lo hacían sin cobrar.

En esta primera fase, 1860-1869, de expansión teórica, los levantamientos y huelgas campesinas fueron numerosos. En España, en septiembre de 1868 se produce el derrocamiento de Isabel II y entramos en el sexenio democrático que nos lleva a la Iª República y los Cantones con efervescencia libertaria; hasta el punto que a los cinco años de la llegada de Fanelli, se produce el bautismo de sangre en el levantamiento de Alcoy en julio de 1873. Miles de trabajadores se levantaron en armas, asesinaron al alcalde, se hicieron con el poder del ayuntamiento y extorsionaron a los principales contribuyentes. Siete días después el ejército entró en la ciudad, sin encontrar resistencia, y el comité de salud pública, instaurado por el grupo dirigente de la Internacional en España huyó. Así acababa la Iª República y la experiencia federalista de Francisco Pi i Margall. El 10 de enero de 1874, al tiempo que Pavía aplastaba las últimas defensas del cantón cartaginés, el gobierno militar decretaba la disolución de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores). La dureza de las leyes y el miedo contribuyeron a debilitar a la federación; comenzaba así la primera de sus aparentes desapariciones, en las que cogía fuerza para revivir cual Ave Fénix. En 1886 la Comisión Federal de la nueva FTRE (Federación Regional Española), con muchas menos atribuciones, volvió a instalarse en la ciudad. 


Coincidiendo con el final de siglo XIX y comienzo del XX, por el mundo corría la violencia anarquista que se cobró la vida del Zar Alejandro II en 1881 y del Presidente McKinley en 1901 (EEUU), entre otros personajes. España no iba a ser diferente y los primeros años del anarquismo fueron de verdadera aplicación de la revolución y la violencia; con huelgas como la Semana Trágica, como respuesta al embarque de soldados hacia Marruecos y que fue duramente reprimida con diversos muertos, entre ellos el fundador de la Escuela Moderna, el anarquista Ferrer Guardia (que no participó en esta huelga pero venía marcado por el atentado contra Alfonso XIII.
Arde Barcelona en 1909
Anteriormente se habían producido atentados como el de Mateo Morral contra Alfonso XIII, el día de su boda en 1906, en la calle Mayor; o la bomba en el Teatro del Liceo barcelonés en 1893, así como con el asesinato, en 22 años, de tres jefes de gobierno: Cánovas del Castillo, Canalejas y Eduardo Dato; llegando a su máxima expresión, previa a la Guerra Civil, del conocido como trienio bolchevique, que recorrió los años, 1919, 20 y 21. Centenario de este revulsivo, cuyo aniversario curiosamente está pasando envuelto en las sombras del olvido. De este trienio, su primer comienzo importante coincide con la famosa Huelga de la Canadiense, que nos trajo la jornada de ocho horas.
Tranvía volcado en la huelga de 1909

El ambiente estaba revuelto, la Gran Guerra llevaba la muerte a millones y la revolución rusa extendía sus tentáculos por el mundo. En esas circunstancias, el movimiento obrero había desarrollado una huelga en agosto del 1917 que terminó en fracaso pero dejó sembrada la semilla. “¿Por qué fracasó la huelga? Básicamente, porque aún no estaba preparada, porque el Ejército se le enfrentó y porque la burguesía y los partidos republicanos se desentendieron de ella; junto a esto, el proletariado actuó desunido y el campesinado no participó en el movimiento”. Semilla que junto al impacto de la revolución rusa y la combatividad e incansable actividad sindical revolucionaria de los cenetistas, dispara su acción combativa durante el trienio bolchevique. En 1919 se perdieron sólo en Barcelona 3,25 millones de jornadas de trabajo en huelgas que implicaron a 156.000 obreros. La represión militar y la actitud insolente de la burguesía catalana (la Lliga Regionalista), lejos de amedrentar el movimiento, lo espolea. Aparece simultáneamente la lucha armada entre anarquistas y el sindicato libre, con pistoleros pagados por la patronal.

El 5 de febrero de 1919 se inicia la huelga en la Compañía de Fuerza e Irrigación del Ebro, conocida como La Canadiense, contra el despido de ocho trabajadores. Cuando los trabajadores se ponen en huelga y rechazan la oferta de la empresa de readmitirlos pero con un menor salario, la empresa despide a otros 117. Los trabajadores de La Canadiense no tenían organización ni experiencia sindical, pero con el apoyo de la CNT consiguen extender el conflicto hasta paralizar el 70% de las fábricas de Barcelona. Tras 44 días huelga se firma el acuerdo que constituyó un gran éxito del movimiento obrero español y de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en particular pues se consiguieron: mejoras salariales, la readmisión de obreros despedidos, la liberación de miles de detenidos durante la huelga y la jornada laboral de ocho horas convirtiendo a España en el primer país que promulgaba por ley esta reivindicación obrera. Tras ella la CNT se situó como una de las fuerzas sociales más importantes de Cataluña y de España.

La patronal intentó reventar la huelga, pero ni la militarización de los empleados del sector, ni los tres mil encarcelados en Montjuich, ni el estado de guerra decretado en la provincia, fueron suficientes.  Victoria que facilitó una época de violencia que Primo de Ribera utilizó como escusa para su golpe de estado que inicialmente fue recibido con entusiasmo por la burguesía catalana. Otra organización que resultó tocada fue el ejército que se estaba utilizando como fuerza represora y así aumentó el enconamiento obrero frente a las fuerzas armadas. Esto se reflejaría en la brutalidad entre ambas organizaciones en julio del 36.

Durante la Dictadura, los anarquistas volvieron a la clandestinidad, con agrado del socialismo de Largo Caballero y su UGT. Se dice que fue una contraprestación a la participación de UGT en las mesas paritarias, colaboración de Largo con la Dictadura. Lo cierto es que fue una época oscura, que sorprendentemente se superó con gran sorpresa de los poderes políticos y sindicales, cuando tras la caída de la Dictadura y la Monarquía, volvieron los CNT y FAI a la legalidad; con cerca de un millón de afiliados; numero superior al de afiliados en cualquier otro país europeo. Comenzaba otra gran época con la República que será objeto de otro artículo.
El anarquismo en 1931; según
Gerald Brenan

Segunda parte: mis anarquistas favoritos
https://elcriticonhistorico.blogspot.com/2019/02/mis-anarquistas-durante-la-republica-y.html

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