jueves, 30 de mayo de 2019

ESPAÑA Y FILIPINAS, 350 AÑOS DESPUÉS. LOS HÉROES DE BALER

Nos acercamos al 120 aniversario del final de la presencia militar en Filipinas, pues hasta el 2 de junio de 1899 la bandera española ondeó en una pequeña porción de territorio filipino; bien es verdad que era solo un pequeño destacamento que llevaba once meses resistiendo el asedio de los filipinos que se habían levantado en armas contra España fiados de la promesa de ayuda del Almirante Dewey, jefe de la escuadra americana estacionada en Hong Kong., al general Emilio Aguinaldo. Posteriormente los americanos ocuparon las Islas con la excusa de que los nativos eran incapaces de gobernarse. Esta intervención americana era una prolongación de la guerra de Cuba que se inició cuando en enero de 1898 el acorazado, Maine,de 2ª clase había entrado, sin previo aviso, en la bahía de La Habana para realizar una visita de cortesía; visita que realmente ocultaba otras intenciones. El incidente buscado se produjo el 15 de febrero cuando el Maine se fue a pique, por una explosión interna. Este incidente originó la ruptura de relaciones con España y posteriormente las presiones de la prensa llevaron a la guerra. Guerra que, además de los muertos y heridos, nos costó la perdida de las últimas colonias americanas (Cuba y Puerto Rico) y de rebote la intervención americana en las Islas Filipinas. Con la escusa de ayudar a los filipinos a conseguir su independencia, lo que hicieron realmente fue quedarse con ellas hasta después de la IIª Guerra Mundial (julio de 1946)
Iglesia de Baler, punto fuerte de la defensa
La guerra en Filipinas, igual que en Cuba, duró poco tras la destrucción de nuestra flota de Oriente en la batalla naval de Cavite. Posteriormente Manila cae tras un breve asedio mientras simultáneamente se produce un hecho aislado como fue la defensa de la iglesia y su entorno en Baler (en la isla de Mindanao); por un destacamento de 50 soldados y cuatro oficiales, incluyendo el oficial médico. El asedio comenzó el 1 de julio del referido 1898 y se prolongó por once meses. Teniendo en cuenta la firma del Tratado de París en enero del 98, con la transferencia de la titularidad de las Filipinas a EEUU, podemos decir que los héroes de Baler superaron esa fecha en seis meses; sin ayuda exterior de ningún tipo. 


Batalla de Cavite
Desconociendo que en agosto se había firmado un alto el fuego, el destacamento siguió la lucha; a pesar de los intentos de convencerlos de que la guerra había terminado. En esa situación, hubo varias deserciones (seis) y salidas para requisar alimentos, hasta que a finales de mayo del 99, un nuevo enviado español, el teniente coronel Aguilar, llegó a Baler por orden del gobernador general español, con órdenes de que los sitiados depusieran su resistencia y le acompañaran a Manila, pero estos volvieron a desconfiar y tuvo que marcharse sin conseguir su objetivo. Sin embargo, al hojear los sitiados unos periódicos dejados en la iglesia por Aguilar, descubrieron una noticia que no podía haber sido inventada por los filipinos, lo cual finalmente lo convenció de que España ya no ostentaba la soberanía de Filipinas y de que no tenía sentido seguir resistiendo en la iglesia. El 2 de junio de 1899, el destacamento español de Baler se rindió, tras un sitio de 337 días con 33 (dos sacerdotes) supervivientes aunque con beriberi y/o disentería. Habían enterrado 19 muertos; entre ellos el capitán Las Moreras, jefe del destacamento. El último oficial al mando fue el teniente Martín Cerezo, que pocos días antes de la rendición había fusilado a dos soldados que intentaron la deserción. 
Los supervivientes a su llegada a Barcelona el 1 de septiembre del 99.
Una vez firmada la rendición, los prisioneros fueron agasajados por sus oponente y llevados al cuartel del general Emilio Aguinaldo que les entregó dos pesos a los oficiales y uno a cada soldado y dio instrucciones de que los alojaran en una de las mejores casas, los atendieran y les dieran de comer. Más tarde les hizo llegar un número de un periódico local en el que se había publicado un decreto que el propio Aguinaldo había emitido el 30 de junio:
Habiéndose hecho acreedoras a la admiración del mundo las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanzas de auxilio alguno, ha defendido su bandera por espacio de un año, realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares e interpretando los sentimientos del ejército de esta República que bizarramente les ha combatido, a propuesta de mi Secretario de Guerra y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno, vengo a disponer lo siguiente:
Artículo Único.
Los individuos de que se componen las expresadas fuerzas no serán considerados como prisioneros, sino, por el contrario, como amigos, y en consecuencia se les proveerá por la Capitanía General de los pases necesarios para que puedan regresar a su país. Dado en Tarlak a 30 de junio de 1899. El Presidente de la República, Emilio Aguinaldo. El Secretario de Guerra, Ambrosio Flores.
Tres meses después, los supervivientes desembarcaron en Barcelona, donde tras concedérseles la Cruz de Plata y una pensión mensual de 7,5 pesetas, desaparecerían en el anonimato de los héroes olvidados; mientras en Filipinas, 120 años después, sigue celebrándose el Día de la Amistad Hispano-filipina, la misma jornada en la que se publicó el decreto en honor de los hombres de Saturnino Martín Cerezo; teniente artífice de la resistencia.


Después de la época colonial, el español fue lengua cooficial en Filipinas, junto al tagalo y al inglés, hasta la Constitución de 1987. Durante las primeras décadas del siglo XX, el castellano se empleaba comúnmente en la vida cotidiana, la Administración, los tribunales, la prensa y la literatura, que vivió su edad de oro precisamente durante la ocupación americana. No podemos olvidar que millones de documentos (a pesar de los millones de ellos destruidos por los japoneses en 1945) con la historia y literatura filipina, están escritos en español, incluso su primera Constitución de 1899. Los textos, notas, comentarios de sus héroes empezando por José Rizal solo escribían en español. En la zona de Cavite,  surgió un idioma común en que entenderse y como era una especie de castellano mal hablado le llamaron chabacano.  Por tanto «El chabacano nace de una mezcla de tribus, razas y culturas que evolucionó en un idioma distinto, con al menos un 80 por ciento de español en sus raíces y un 20 por ciento de palabras nativas. No es una lengua de la calle ni de clase baja, sino de todo el mundo. este idioma peculiar, es  hoy hablado por unos dos millones de filipinos.

                  

El idioma español no se propagó como en América, donde los colonizadores habían recurrido en algunas ocasiones a la fuerza y a la asimilación cultural para convertir a los indios al Evangelio; por contra en Filipinas, los misioneros aprendieron los dialectos locales para acercarse a los que pretendían evangelizar. Prueba del éxito es que hoy en día hay más de 95 millones de católicos. Actualmente el Gobierno filipino baraja introducir de nuevo el castellano en su sistema educativo, donde ya hay 75 colegios enseñándolo a 8.000 niños. En el Cervantes de Manila aprenden castellano 6.000 estudiantes, incluyendo los de dos colegios privados que lo imparten a través de sus profesores.

Instituto Cervantes en Manila

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