Reeditába el pasado día, 2, un artículo sobre la entrada de los Reyes Católicos en Granada, dando fin a la larga Reconquista y consiguiendo la unidad de España, que aún mantenemos, incluyendo la incorporación, 20 años más tarde, 1512, del reino de Navarra. Hacía observar que se había tardado 244 años más de lo lógico cuando tras la victoria de la batalla de las Navas de Tolosa, con participación de los tres reyes: Alfonso VIII de Castilla (sobrevivió 2 años), Pedro II de Aragón (sobrevivió 2 años) y Sancho VII de Navarra (sobrevivió 22 años), con la ayuda de los señorios vascos, en 1212; desde es momento se conquistaron Valencia, 1238; Córdoba y Sevilla en 1236, dejando reducida la presencia del reino nazarí al reino de Granada y poco más. ¿Porqué no se terminó a pesar del impulso de estos 36 años de victorias?, porque se impusieron el egoismo y las luchas fratricidas y tambien que dos de los tres reyes victoriosos murieron dos años después. Cuando estuvimos unidos contra el enemigo común, triunfamos y esto se repetirá a lo largo de nuestra historia. Mientras tanto, Cataluña-Aragón al tener el tapón de Murcia castellana, solo podía expansionarse mirando al Mediterráneo y así se materializó en la conquista de las islas Baleares, 1229; Sicilia,1282; sur de Italia e incluso participando como aliado de Bizancio, con su Compañía Catalana (los famosos y temidos Almogávares y su jefe Roger de Flor), 1310. Por su parte, el rey de León y Galicia, Alfonso IX (1188-1230) condicionó su participación en Las Navas de Tolosa, a la devolución de ciertas plazas arrebatadas por los castellanos y, lejos de unirse a la campaña, aprovechó la concentración de tropas en Toledo para atacar la región de Tierra de Campos. Tambien hubo diversos casamientos y guerras civiles con nuestra vecina Portugal entre 1294 y Aljubarrota en 1383 que consolidó el reino vecino.
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| La carga de los tres reyes, en el momento decisivo. |
En el siglo XIV seguimos matándonos entre nosotros en luchas internas, especialmente desde 1345; como las que nos llevaron a los Campos de Montiel (1369), que fue un enfrentamiento bélico enmarcado en la Guerra Civil de Castilla y, debido a la naturaleza de parte de sus intereses y participantes, también en la guerra de los Cien Años. En ella, ejércitos castellano-franceses se midieron con una alianza castellano-granadina. En esta batalla se produjo el enfrentamiento directo de Enrique de Trastamara contra su hermanastro, el rey de Castilla Pedro I. Cuando este se encontraba en posición de acuchillar a su oponente, el mercenario Beltran du Gesclin le ayudo a Enrique mientras decía la famosa frase. "ni quito ni pongo rey pero defiendo a mi señor. Una vez muerto el rey legítimo, Enrique se proclamó nuevo rey, presentando la cabeza de Pedro I en la punta de una lanza.
Cataluña ha sido siempre conflictiva y dentro de esa conflictividad es sorprendente la obsesión supremacista de los nobles y burgueses catalanes hacia los castellanos, especialmente desde la batalla de Murviedro, actual Sagunto, en Valencia, en la que se dilucidaba el heredero de Martín el Humano; o lo que es lo mismo, el derecho a heredar el reino de Aragón, que incluía a Cataluña. Se enfrentaban el conde catalán Jaime de Urgel y el castellano Fernando de Trastamara. Dicha batalla tuvo lugar el 27 de febrero de 1412 y marcó el destino de España pues el vencedor, Fernando de Trastámara, llevaba aparejado el acceder al trono de Aragón y así con la victoria, tras el "compromiso de Caspe", el padre de Fernando el Católico, abrió las puertas de la historia al enlace de Isabel y Fernando en octubre del 1469; que es el origen de la España que conocemos pues ambos reyes incorporaron Granada en 1492; si bien pudo terminar en diciembre de 1492 cuando Fernando sufrió un atentado en Barcelona, que le llegó a herir. Ya viudo, Fernando incluyó el reino de Navarra en la corona de Castilla en otro febrero, esta vez de 1512; pues los señoríos de Álava y Vizcaya eran feudos/deudos de Castilla desde ciento cincuenta años atrás. Han pasado 614 años y los burgueses catalanes no lo han olvidado y siguen sufriendo. El Siglo XV, hasta la entrada en Granada, vivió numerosas guerras civiles en Castilla-León como la de Isabel de Castilla y Juana la Beltraneja, apoyada por Portugal, que terminó exiliada en este país, mientras Isabel era proclamada reina de Castilla. Fue un período convulso, marcado por la lucha entre una nobleza poderosa y la Corona por el control del poder, un periodo de guerras civiles (como la de Sucesión contra "La Beltraneja"). El descubrimiento de América creaba un conflicto con el reino de Portugal, que llevaba muchos años de descubrimientos y colonias por África e incluso India y China. Para evitar conflictos, incluidas las especias de las referidas islas, se firmó en 1494 el Tratado de Tordesillas que delimitaba las zonas de influencia de ambos reinos. Delimitación respetada incluso cuando Felipe II ceñía ambas coronas. Juan Sebastian Elcano se lo saltó para dar su famosa vuelta al mundo, pues volvió de Filipinas tocando la costa africana portuguesa.
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| Fernando e Isabel cierran el periodo constitutivo |
Simultaneamente el comienzo de siglo ve las luchas entre la Biga y la Busca y lo terminan con las dos guerras de los remensas que llevaron al agotamiento de la población a la que además debilitó la peste negra; Barcelona no recupera su población ni pujanza hasta el año 1700. La Biga estaba formada por la oligarquía y grandes mercaderes; poseía castillos, tierras, títulos señoriales, vivían de rentas y tenían el control del poder municipal. La Busca era el partido de los mercaderes y artesanos que aspiraban a controlar el poder municipal para minimizar los privilegios de la Biga y alcanzar libertades personales; eran defensores de la medidas proteccionistas que tanto se han defendido siempre en la Cataluña industrial, aunque eso perjudicase el resto del país. Algo parecido a lo ocurrido en la guerra de las germanías en Valencia, 100 años después. Estos enfrentamiento, iniciados sobre 1425 y terminados en 1450, derivaron en dos guerras de remensas. Fueron dos revueltas populares contra las presiones señoriales; la 1ª comenzó en 1462 y terminó una década después sin un resultado definitivo, por lo que en 1479 se reinició con mayor virulencia y finalizó con la Sentencia Arbitral de Guadalupe en 1486 (con Fernando el Católico como rey) en que se abolen los "malos usos" (como el "derecho de maltratar y retener" que tenían los señores sobre los campesinos) a cambio del pago de una indemnización de los remensas a los señores feudales. El mayor apoyo a la rebelión abierta vino de los campesinos más pobres, en su mayoría de la Plana de Vic, Ampurdán y el Vallés, (la actual Tractoria) y de los pequeños propietarios. La tremenda carnicería, prácticamente en todos los diferentes linajes nobiliarios de la región, provocó la extinción de muchas de las antiguas casas, así como la ruina de la mayoría de las supervivientes; independientemente del bando donde hubiesen militado.
Cerramos así la primera parte del artículo de historia comparativa desde la batalla de las Navas de Tolosa con los tres reyes hasta nuestros dias. Este primer período, 1212 a 1512 cubre una etapa constituyente, muy convulsa y guerrera con luchas contra en enemigo común, los invasores musulmanes, y de unos contra otros por egoismos territoriales y dinásticos. Queda meridianamente claro que las luchas intestinas nos debilitan mientras que cuando vamos juntos, somo "casi" invencibles. Se cierra un recorrido por la oscura Edad Media y entramos en la Edad Moderna, seguida de la Contemporánea. Asistiremos al nacimiento del Nuevo Mundo, al Siglo de Oro y demás maravillas y desgracias, las guerras mundiales y locales que estropean cualquier alegría. Las malditas guerras