Hasta hace poco, el gran desafío de la transición energética española ha sido instalar más y más parques eólicos y fotovoltaicos; para lo cual se han provocado incendios, no siempre controlados, para sustituir esas zonas arboladas por parques eólicos, en zonas altas para mejor aprovechar el viento y fotovoltaicas en las zonas bajas calcinadas; que producen mayor rendimiento económico al propietario del suelo pero crean problemas al transporte de la electricidad producida. Ejemplo lo tenemos en Forestalia, empresa dedicada a estas energías verdes y que ahora anda involucrada en casos de corrupción. Al no estar bien programada esta energía, hoy el problema empieza a ser exactamente el contrario: el sistema eléctrico ya no es capaz de absorber toda la electricidad limpia que produce y de hecho se comenta que en las últimas semanas hemos estado, dos veces, a punto de otro gran apagón. Cuando Red Eléctrica analiza las restricciones técnicas necesarias para garantizar la estabilidad del sistema, parte de esa producción debe reducirse o directamente eliminarse de la programación. El problema, por tanto, no está en el mercado, si no en la capacidad física del sistema eléctrico para transportar y gestionar toda esa generación. España produce mucha electricidad limpia pero al mismo tiempo y todavía no dispone de suficiente capacidad para aprovecharla plenamente. Ahí entran las centrales reversible.
La central reversible, funciona como una batería gigante para guardar energía limpia cuando sobra y usarla cuando hace falta. En el contexto actual de transición hacia fuentes de energía más sostenibles y renovables, las centrales hidroeléctricas se destacan como una piedra angular en la búsqueda de soluciones energéticas eficientes y respetuosas con el medio ambiente, imprescindibles para completar un eventual futuro mix de generación basado en solar, eólica y otras renovables aún incipientes. España cuenta con una rica tradición en la utilización de la energía hidroeléctrica, y también cuenta con un parque de centrales de reversibles que, entre puras y mixtas, suma algo más de 6 GW de potencia instalada. En la actualidad se están tramitando más de 20 proyectos de centrales reversibles, con una potencia total que supera los 19 GW.
Y ahí reside la verdadera paradoja, no demuestra que sobren renovables, demuestra precisamente lo contrario. España continúa siendo uno de los países europeos con mayor dependencia energética del exterior, cercana al 68% en 2024, pese al extraordinario crecimiento de la generación renovable. El reto no pasa por frenar la instalación de nuevos parques eólicos o fotovoltaicos, sino por acelerar aquello que durante años permaneció en un segundo plano: redes de transporte y distribución más robustas, almacenamiento a gran escala, presas reversibles, interconexiones internacionales, electrificación industrial y una demanda mucho más flexible.
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