jueves, 6 de agosto de 2026

CEUTA, LA CIUDAD QUE SIEMPRE HA RESISTIDO.

Acabamos de vivir la mayor invasión que ha sufrido Ceuta en sus 400 años de españolidad y la respuesta de las autoridades españolas es débil hacia el que considera "un amigo fiable", al que se le piden disculpas cuando ha sido el responsable y es que mientras España y Europa sigan respondiendo a esta guerra demográfica con herramientas de gestión burocrática y humanitaria, la dinastía alauí continuará estrechando el cerco sobre Ceuta y vamos a repasar la historia de los últimos 332 años.


Comenzaremos por su duración y cronología por el llamado sitio de los treinta y tres años. Fue un bloqueo armado de fuerzas alawuitas sobre la ciudad de Ceuta. Comenzó el 23 de octubre de 1694 y se dio por finalizado el 22 de abril de 1727. Es el asedio más largo de la historia, superando al sitio de los otomanos a Candía, Creta, que duró veintiún años. Recordemos que Melilla es española desde 1497, cuando fue conquistada por Pedro de Estopiñán y Ceuta, por su parte, fue tomada por Portugal en 1415, pasó a la Corona española en 1580 y, tras la independencia lusa en 1640, decidió seguir unida a España, lo que se formalizó en el Tratado de Lisboa de 1668, por tanto hablamos de unos 400 años en territorio hostil, principalmente por la religión y el deseado dominio del Estrecho de Gibraltar.

El sultán Muley Ismaíl había conseguido crear un nuevo Estado capaz de combatir a los españoles en el norte de África y a los argelinos, gracias sobre todo a la ayuda francesa que proveyó al alawuita de ingenieros y artillería. Sus tropas habían tomado las ciudades españolas de La Mamora, Tánger, Larache y finalmente, Arcila en el año 1691. En el año 1694 encomendó al gobernador Alí ben Abdalá la conquista de Ceuta. entre trincheras, minas subterráneas y bombardeos constantes, la población y la guarnición española sobrevivieron gracias exclusivamente al abastecimiento marítimo procedente de la península. El asedio solo concluyó con la muerte de Muley Ismaíl en 1727, dejando la ciudad exhausta pero inexpugnable. Pasaron más de 60 años antes de que entre 1790 y 1791, el sultán Muley Yazid volvió a poner cerco a la ciudad intensificando el fuego de artillería sobre la plaza fuerte. No obstante, las defensas españolas volvieron a resistir la embestida y nuevamente otros 50 años de relativa calma, pero...

Desde 1840 las ciudades de Ceuta y Melilla sufrían constantes incursiones por parte de grupos marroquíes de la región del Rif. A ello se unía el acoso a las tropas destacadas en distintos puntos, sobre todo en 1844, 1845, 1848 y 1854. Las acciones eran inmediatamente contestadas por el Ejército español, pero al internarse en territorio marroquí los agresores tendía emboscadas. La situación se repetía de forma habitual, hasta que en 1859 el gobierno de la Unión Liberal, presidido por su líder el general Leopoldo O'Donnell, presidente del Consejo de Ministros y ministro de la Guerra, bajo el reinado de Isabel II. Entonces el Gobierno español decidió invadir el sultanato de Marruecos. La reacción popular fue unánime, en Cataluña y el País Vasco se organizaron centros de reclutamiento de voluntarios para acudir al frente, donde se inscribieron muchos carlistas, sobre todo procedentes de Navarra, en un proceso de efervescencia patriótica como no se había dado desde la Guerra de la Independencia. La guerra duró 4 meses.

El general Prim y sus voluntarios catalanes en 1860

La paz que se firmó el 26 de abril de 1860 fue calificada de «paz chica para una guerra grande» por algunos medios de prensa. La guerra de África, como se la conoce, fue un completo éxito para el Gobierno español y aumentó su respaldo popular, pues levantó una gran ola de patriotismo por todo el país. Con los cañones capturados en la batalla de Wad-Ras se fundieron e hicieron los hoy famosos leones del Congreso para ser colocados en la entrada del Palacio de las Cortes, sede del Congreso de los Diputados.

Cadaveres españoles abandonados al sol y ultrajados.
Al fondo Monte Arruit.

y qué decir, irónicamente, de nuestra añorada guerra de finales del XIX y principios del XX; con episodios tan queridos y sufridos como El sangriento Barranco del Lobo (1909), Anual o Monte Arruit (1921); con unas pérdidas de más de 15.000 hombres, fallecidos: miles de ellos fueron degollados o abiertos en canal, tras entregar sus armas contra la garantía de respeto a sus vidas y con sus atributos masculinos en su propia boca. Ahora se cumplen 105 años de esa matanza. Insisto, entregaron sus armas a cambio de sus vidas y fueron asesinados con ensañamiento, salvo a los oficiales que apresaron para pedir rescate. En total 500 prisioneros de los que solo 300 volvieron con vida a sus casas; uno de ellos el abuelo Carmelo, bisabuelo de mis hijos, que contaba la crueldad con que eran tratados. Sus vidas, cada uno, fueron compradas con una caja de municiones llena de duros de plata que contaban sin prisa antes de autorizar que el prisionero subiera al barco que los llevaría a Málaga.


En esa ocasión el peligro se ceñia sobre Melilla, y para defenderla acudió el recien constituido Tercio de Extranjeros, la legión, que  marchó a pie desde sus posiciones en el protectorado hasta Ceuta (y desde allí embarcó) para socorrer a Melilla tras el desastre de Annual. La I, al mando del comandante Franco y II Banderas recorrieron a pie 101 kilómetros en una extenuante marcha forzada de cerca de 33 horas con todo el equipo a cuestas. El lider rifeño, Abd el Krim, El Jatabi, cometió el error de pensar en los españoles derrotados y quiso aumentar su república del Rif atacando a la zona francesa del protectorado. Ambos paises unieron sus fuerzas y en 1925 dieron el golpe de gracia con el desembarco de Alhucemas. Al año siguiente, El Jatabi se rindió a los franceses. Los soldados españoles se tomaron la debida venganza a sangre y fuego; además del uso de gases letales, como el gas mostaza y otros empleados en la Iª G.M.

Marruecos en 1956, con su independencia

Mientras tanto, en marzo de 1956, tras 44 años de Protectorado, llega el verdadero control del territorio, con la independencia, del actual reino marroquí. Aún no habían transcurrido ni dos años, cuando nos vimos involucrados en la guerra "del amor" en Sidi Ifni; donde soldados españoles volvieron a entregar sus vidas por esa amistad compartida. España ganó la guerra pero no la paz y pocos años después, 1969, Marruecos tomaba Sidi Ifni en su camino al Sahara. 
Desde 1925 pasaron otros 50 años hasta la marcha verde, 1975, y ahora otros dos invasiones tras 46/50 años; para con el mismo sistema sin pegar ni un tiro. El actual monarca marroquí, Mohamed VI, no descansa y realiza otro tanteo al gobierno de turno, ocupando la isla Perejil el 12 de julio de 2002, pero esta vez pincha en hueso y el intento es rechazado por el gobierno de Aznar que contaba con el apoyo de EEUU. Ahora con Sánchez, estamos solos y mientras nuestro sátrapa particular disfruta del palacio de la Mareta en Lanzarote, los ciudadanos de Ceuta soportan unos 8.000 invasores, resto de los 70.000 iniciales, de los cuales hasta 4.000 pueden ser MENAS que el gobierno pretende repartir por las CCAA. El gobierno saca pecho y miente, poniéndose medallas falsas de una gestión trucada con la benevolencia interesada de Mohamed VI con riesgo de perder la final del campeonato de futbol de 2030

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