miércoles, 26 de septiembre de 2018

ITALIA, ESPAÑA Y EL RENACER DE LOS NACIONALISMOS

Acabo de terminar un estupendo viaje por Roma y la costa Amalfitana, que me ha servido para despejar algunas dudas (gracias a los guías locales y el responsable del viaje), que tenía sobre la la situación política actual y la historia militar moderna de los soldados italianos. En un artículo de agosto del 2015, sobre un monumento a los soldados italianos caídos en nuestra Guerra Civil, me planteaba por qué los soldados italianos eran repetidamente derrotados. Con un magnífico manejo del español, estos profesionales, nos han ido ampliando los conocimientos sobre la historia de los lugares que hemos visitado y las particulares circunstancias que se han vivido en los mismos. He aprendido mucho y al pensar sobre ello he llegado a algunas conclusiones que voy a intentar desarrollar. Empezamos el viaje por la Roma Imperial, el mayor imperio del mundo conocido en su época; con sus aportaciones a la cultura actual. Roma no solo aportó conocimiento propio como el arco en la resolución del paso de ríos, vaguadas...; la cúpula en espacios cerrados, como el Panteón; vías y calzadas que aún se siguen usando; acueductos y presas aún en funcionamiento (Proserpina y Cornalvo en Mérida)... y eso que hablamos de hace más de 2.000 años. También supieron aprovechar lo mejor de la cultura griega, a la que respetaban sobremanera, asimilarla y transmitirla. Pero eso es pasado que de una u otra forma, conocemos por los libros de historia; aunque algunos pretendan deformarla y adjudicarse héroes y hazañas que no les corresponden..

Lo que más me ha sorprendido/interesado, por su similitud con España, es la dicotomía entre el norte y el sur de Italia; sobre la que no había realizado ningún análisis. Un norte industrializado, con ciudades poderosas históricamente y que crearon el Renacimiento y el Burgo; es decir la burguesía y la valoración de "lo común", la comunidad. Frente a este desarrollo urbano, en el sur se mantiene un régimen feudal que asume, en el estamento superior, un mando y gobierno ajeno durante mil años: Nápoles, Sicilia, Sorrento, Salerno... han sido, desde siempre, colonias de potencias extranjeras, empezando por griegos (en Nápoles se hablaba griego en lugar del latín), romanos, árabes, normandos, aragoneses, españoles...hasta la reunificación de 1850/70. Ello marca una diferencia en la valoración de lo común y se aprecia en el estado de fachadas, aceras, papeleras..., entre el Norte (limpieza por valorar lo común) y el Sur (lo común es ajeno). 

Hoy, para ver templos griegos, el mejor lugar es Sicilia y Paestum. Igualmente se nota la presencia normanda, francesa (angioino) y aragonesa.

Templo en Agrigento, Sicilia
Templos griegos en Paestum, Salerno
Catedral, normanda, de Monreale en Sicilia (1267)
Castillo franco, reforzado por el rey de Aragón





























Curiosamente en Nápoles y Sicilia, siempre han tenido gobiernos extranjeros, hasta 1860, en que se produce la conquista por Garibaldi. Siglos sin ejército propio, con su defensa realizada básicamente por foráneos; aunque aportaron voluntarios a los tercios viejos españoles del los S.XVI y XVII. Gobiernos que permitían los latifundios y el régimen feudal; situación que ayuda a entender el nacimiento y mantenimiento de movimientos mafiosos. El apego al padrino que reparte el trabajo e imparte una justicia social transmitida oralmente. En el norte los gremios participaban del gobierno, en el sur agrícola se vive de espaldas a la ley ordinaria y se respetan las tradiciones y el poder del cacique local. Este recibe el beso en la mano como muestra de obediencia y respeto. Los deslindes no se resolvían en los juzgados si no por el cacique o su capataz. Estos facilitaban/permitían la emigración a América y sufragaban los costosos pasajes y a su llegada, mediante sus conexiones, se encargaban de buscar alojamiento y trabajo. Esto se devolvía, era un préstamo con altos intereses, con dificultad al Capo y aumentaba la dependencia. Esto en el norte no ocurría.
Clasificación a la llegada a Ellis Island
Así transcurrieron siglos de aislamiento entre ambas zonas, con el colchón separador de los Estado Vaticanos, hasta que en el norte, el rey de Cerdeña, Victor Manuel II (padre de nuestro rey electo, Amadeo de Saboya) apoyado en su ministro Cavour, comienza la reunificación, partir de 1859, tras derrotar a Austria,  con la ayuda de Napoleón III, en Solferino y Magenta. El padre intelectual de la reunificación es el conde de Cavour, liberal moderado, que parte del estado de Piamonte para ir añadiendo regiones, que estaban bajo control de los Habsburgo. Para ello negoció y se apoyó en el Emperador francés, Napoleón III, que también sacó, inicialmente, tajada como Niza o Roma. Desgraciadamente no llegó a ver su obra concluida pues muere en 1861, dejando un fuerte desequilibrio entre el norte y el sur. Cavour se apoyó y utilizó al nacionalista y aventurero Giuseppe Garibaldi, nacido en Niza cuando pertenecía a la casa de Saboya. El aventurero, en su mejor acepción, había participado en las luchas contra Austria en los Alpes, también participó decisivamente en la consolidación de Uruguay; fue capitán de barco; prisionero de los turcos y..., hasta el punto que su amigo Alejandro Dumas debió fijarse en él para encarnar su personaje del Conde de Montecristo, en  su novela del mismo nombre. Dumas, además le ayudó económicamente en su lucha por la liberación de Sicilia y Nápoles, culminada en 1861. Garibaldi, animado se dirige hacia Roma pero Victor Manuel II le hace desistir por prudencia internacional, pues no era cosa de enfrentarse a Francia. 

Posteriormente el rey Victor Manuel aprovecha la salida del ejército francés de Roma en 1870, por su guerra con Prusia, para ocuparla, aunque genera un conflicto con el Vaticano que no se resuelve hasta 1929 con el tratado de Letrán firmado por Mussolini con Pio XI. Los dos reunificadores, Cavour y Garibaldi, son contemplados como héroes y dan nombre a sus mejores avenidas y plazas . La reunificación  no se completó hasta el final de la Primera Guerra Mundial, en la que Italia entró del bando aliado con la promesa de recibir como compensación las Provincias Irredentas en manos austro-húngaras; promesa incompleta que fue una de las escusas de Mussolini para su participación en la IIª G.M. En el S.XIX, el rey de Italia nunca pasó de Roma.

Esta nacionalización incompleta, parecida a la vivida en España, en el S.XIX, explica las semejanzas con nuestra situación en la crisis catalana. Mientras los nacionalismos, en el siglo XIX, consolidaban su concepto de nación, en España teníamos tres guerras carlistas, varias cantonales, una de los malcontent y perdíamos el imperio; mientras, en Italia la reunificación les ocupaba la segunda mitad del siglo e intentaban como consolidación imbuir una idea imperial, con lo que comenzaban su aventura en Abisinia y el norte de África. Aquí O,Donnell lo intentaba con nuestra guerra en Marruecos en 1859 y aventuras en Méjico e Indochina. 

Los soldados italianos, que lucharon bien en su reunificación contra ejércitos fogueados como el austríaco y el español, fracasaron cuando se vieron embarcados en la nueva Italia Imperial que les llevaba a luchar a tierras ajenas; tanto en África como en nuestra guerra civil o Rusia. Como nos comentaba el guía, tampoco debemos olvidar que los italianos actuales no son los herederos ni geneticamente de los imperialistas romanos. Tras la caída del Imperio de occidente por las invasiones bárbaras se vivió una etapa de oscuridad y abandono, rematada con la despoblación de Roma entre 1305 y 1378; en el que siete Obispos/Papas de Roma residieron en la ciudad de Aviñón, a saber: Clemente V (1305–1314), Juan XXII (1316–1334), Benedicto XII (1334–1342), Clemente VI (1342–1352), Inocencio VI(1352–1362), Urbano V (1362–1370) y Gregorio XI (1370–1378). En este año comenzó el Cisma de Occidente, que duró hasta 1417, protagonizado por el zaragozano Papa Luna que murió en Peníscola. 

Volviendo al final del S.XIX y principio del XX, podemos observar otras coincidencias, como las emigraciones masivas a Sudamérica y EEUU (mayoritariamente italianos sicilianos) y  el anarquismo violento que triunfó en ambos países y se mantuvo hasta bien entrado el S.XX. Nuestro Jefe de gobierno Cánovas del Castillo fue asesinado, en agosto de 1897, por el anarquista italiano Michele Angiolillo y unos meses antes, abril, otro lo intentaba, con Humberto I, rey de Italia. En julio de 1900 no se libró Humberto I, pues otro intento  anarquista si acertó mortalmente. Años de inestabilidad en ambos países. Guerras Mundiales y civil en nuestro caso con la participación de 33.000 italianos, de ellos 3000 del lado republicano. Aquí el mausoleo y artículo referido.
                                    
http://elcriticonhistorico.blogspot.com/2015/07/hace-70-anos-se-inauguro-el-mausoleo.html

En la posguerra, por causas no similares, hemos sufrido en los años 80/90, años de plomo con atentados, secuestros y violencia; perpetrados por extremistas de izda (Brigadas Rojas) y grupos fascistas en Italia y etarras (extrema izda independentista) en España. Sin relación directa, también vemos como en España, la zona norte está más próxima al resto de Europa y concentra la industrialización; a veces nutrida con mano de obra del paro del sur; igual que en la Cataluña que recibió más de un millón de andaluces. En fin, por estos y otros motivos, lo cierto es que en el Norte han crecido partidos independentistas, en ambos países, coincidiendo con el resurgir de nacionalismos excluyentes que hacen peligrar el estado de bienestar de la UE.

Actualmente, el programa electoral de la Liga Norte propone la descentralización y federalización del país, a través de un proceso de transferencia de competencias que en la actualidad lleva sólo el estado; incluyendo la secesión del norte de Italia. Mientras llega esa independencia, pretenden la promoción de las culturas regionales italianas y la reducción de la ayuda a las regiones del sur del país. ¿nos suena?. En abril de 2015, el Tribunal Constitucional italiano desestimó una convocatoria para pedir la independencia del Véneto, por violar el artículo 5 de la Constitución italiana según el cual Italia es una república “una e indivisible”. Pero también autorizó la convocatoria de un referéndum consultivo, en el que vénetos y lombardos se pronuncien sobre si quieren mayores poderes autonómicos para sus administradores. El resultado, como era previsible ha resultado un si rotundo, que ha provocado la reacción de la derecha contra esos ímpetu independentistas y autonomistas; que quisieran dividir y debilitar a los Estados de Europa. Idéntica apreciación a la expresada por la ex secretaria Madelein Albrigth
La idea de que las leyes o los acuerdos internacionales están solo para limitar a las sociedades y que éstas deberían empezar de cero se está extendiendo. El mes pasado, Max Boot [que es republicano, pero se opone a Trump] equiparaba en el 'Washington Post' lo que está pasando en Cataluña con el Brexit, en el sentido de que se trata de comunidades que creen que deben romper con el resto y seguir por su propia cuenta.
La globalización ha beneficiado a todos los países del mundo, pero también ha creado el problema de la identidad. Todos tenemos nuestra identidad étnica, religiosa, lingüística... Pero, si mi identidad odia o rechaza tu identidad, es un problema. Muchos países en Europa Central y Oriental fueron creados tras la Primera Guerra Mundial sobre la base de la identidad y eso, en algunos casos, lleva a la idea de que esas naciones tienen que tener una población homogénea. Para mí, eso es un error, como estamos viendo ahora en Hungría con Viktor Orban, que quiere que solo voten los que son étnicamente húngaros, vivan donde vivan, y no los inmigrantes o extranjeros que residen en el país. Eso también lleva a la creación de 'micro estados' étnicamente homogéneos. Es algo que estamos viendo en España, y que ya vimos en la ex Yugoslavia. Es, insisto, un error, porque las sociedades multiétnicas son más estables

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