martes, 28 de abril de 2020

LA BORRACHERA DEL PODER, ANTESALA DE LA DICTADURA

Desde los principios de la historia en las sociedades formadas democraticamente, como Grecia y Roma, los representantes de la ciudadanía, del pueblo, tenían especial cuidado en controlar el poder absoluto. Elegían triunviratos que se tornaban y/o dividían en el poder y cuando esto fallaba , llegaba el emperador o el dictador (palabra que entonces tenía un carácter menos permanente que ahora). Pompeyo, Augusto y Julio César es el más representativo y tras guerrear entre ellos, llegaron los Césares. Un dictador era un magistrado de la República romana al que se le confería la plena autoridad del Estado para hacer frente a una emergencia militar o para emprender una tarea específica de carácter excepcional y solo podía actuar dentro de la esfera de autoridad a la que estaba destinado y estaba obligado a renunciar a su cargo una vez cumplida la tarea que se le había encomendado, o al cabo de seis meses. En las democracias los mandatos tienen limitación de tiempo.
La borrachera del poder. Ejercida desde el BOE
a cuenta de la pandemia. Poder absoluto
Esta opción por aglutinar el poder y las decisiones en momentos difíciles se ha mantenido con diversas denominaciones: General en Jefe; Primus ínter pares, el primero entre iguales que salía de la alta nobleza para los reyes que después con la borrachera del poder pasaron a serlo por mandato divino y solo obediencia a Dios,..., hasta la gran ruptura de la historia: La Revolución Francesa de los primeros años pues la borrachera de poder es poderosa y terminó con Napoleón emperador. Se alternaron repúblicas y monarquías pero al quedar obsoletas las absolutistas, el poder se controlaba con la división en tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Pero la borrachera de poder es innata a ciertos seres humanos y quien preside y controla el Ejecutivo pugna continuamente por domeñar los otros dos contra poderes y así hasta nuestros últimos 100 años en que la nómina de Dictadores puros y duros es abundante.

Pero hay dictadores y dictadores y mientras se nos llena la boca y con razón de hablar de la dictadura de Franco, hay más tolerancia, en la izda, con las dictaduras de Lenín, Stalin,  Mao, Castro, Maduro y varios africanos; sin olvidar a los Hitler, Mussolini o Hiro Hito. Algunas de las cuales empezaron siendo democracias como el gobierno del socialista Kerensky que pasó a ¡El poder para los soviets! para terminar en la dictadura stalinista. Ya se que lo uso con frecuencia, pero es que la revolución comunista que alaba Pablo Iglesias Turrión fue un golpe de estado seguido de una guerra civil que duró tres años y dejó un millón de muertos. Tras hacerse con el poder, en octubre del 17, Lenín convocó a elecciones que cuando dieron como resultado que los bolcheviques eran la tercera fuerza votada, no las tomó en consideración y siguió subido al machito. La borrachera del poder, mantenido gracias a la victoria sobre el ejército blanco gracias a la organización y dirección del ejército rojo por Trotsky. A la muerte de Lenín, el poder lo consiguió, ¿inesperadamente? el menos preparado, Stalin, pero que desde su cargo de Secretario General del Comité Central conocía las debilidades de sus teóricos oponentes, a los que fue eliminando físicamente.

En el alzamiento de julio del 36, organizado por el monárquico Emilio Mola, los republicanos y masones Cabanellas, Aranda y Queipo de Llano, los monárquicos Sanjurjo, Franco y Kindelán para el que se había previsto como Jefe a Sanjurjo y no a Franco. Tampoco Franco habría sido elegido frente a Goded, fusilado en Barcelona. Inicialmente se constituyo una Junta de Defensa, con sede en Burgos, bajo Cabanellas, que tras dos meses y medio se decidió a nombrar un jefe único con permanencia hasta que se terminase la guerra; pero la muerte en accidente de aviación de Sanjurjo para hacerse cargo de la sublevación, despejaba el camino de Franco frente a quienes podían aspirar como Emilio Mola, jefe del ejército del norte y Queipo de Llano. Las posibilidades de Mola se hundieron en las sierras de Madrid y Queipo no mandaba fuerzas significativas. Así llegó el exitoso Franco al poder, contra la opinión del general Cabanellas que le había tenido a sus órdenes y que dijo que: "si elegían a Franquito como Caudillo, no lo dejaría mientras viviera", como así fue. Los primeros meses se dedicó a ganar la guerra y conseguir apoyos exteriores, España era un cuartel en el que aún existían fuerzas que iban por libre, carlistas y falangistas que fusionó a mediados de abril del 37,bajo su mando; otro paso en la borrachera del poder. Franco dudó hasta el último momento si se adhería al levantamiento.
Mola y Franco tras su nombramiento de Generalísimo
Terminada la guerra, se hizo realidad el aviso de Cabanellas y Franco se emborrachó de poder y ejerció una férrea dictadura durante 36 años, más suave a partir de 1960 con los Planes de Desarrollo. A su muerte, se produjo un harakiri, único en la historia, de quienes detentaban el poder legislativo y promulgaron la Ley Para la Reforma Política; aprobada el 18 de noviembre de 1976 por las Cortes franquistas, que firmaban su desaparición voluntaria; recibiendo el apoyo de 425 de los 531 procuradores, y sometida a referéndum el 15 de diciembre posterior, con una participación del 77 % del censo y un 94,17 % de votos . A partir de entonces vivimos en democracia que empieza a verse tergiversada con el Decreto de Alarma y el uso torticero del mismo por quien en 2018, ascendió al poder mediante la primera moción de censura que triunfaba y que anteriormente había conseguido el peor peor resultado del PSOE en democracia.

 Aprovechando que Ciudadanos con Albert Rivera estaba en el máximo de aceptación, Sanchez jugó sus bazas maquiavélicas y aprovechó/provocó una sentencia torticera para que el incauto de Rivera saliese a decir que retiraba su apoyo a Rajoy; ocasión que Redondo-Sanchez aprovecharon para presentar la moción de forma improvisada, mal escrita y con algunas firmas de dudosa presencia. Sanchez también contó o compró la traición del PNV que una semana antes había apoyado los presupuestos de Rajoy. Urkullu, otro Vellido Dolfos o Beltrán du Duguesclin. Así quien no lo había conseguido en las urnas accedió al poder, legal pero anti natura, con socios que buscan destruir la unidad y la constitución española. 



Una vez cambiado el colchón en Moncloa y probado lo cómodo que son el Falcon y el helicóptero para ir a saraos y bodas (la borrachera del poder) faltó a su primera palabra de convocar elecciones de forma inmediata. El poder dictatorial a golpe de Decreto en los llamados viernes sociales, le permitió ir dándole la vuelta a las encuestas aunque. su ¿gobierno? se ha dirigido a tensionar y dividir a la sociedad española en su denodada lucha contra una momia, que le costó 18 meses, el siguiente paso fue colocar a sus fieles y eliminar cualquier oposición a su gestión, como si de un caudillo se tratara, o a sus pactos, esos que antes de las últimas elecciones rechazaba porque no le dejarían dormir como al 95% de los españoles. Su borrachera de poder, compartida con otro ególatra como Pablo Iglesias, le lleva a ejercer su santa voluntad como con el nombramiento de la ex-ministra Dolores Delgado para el puesto de Fiscal General o intentar dinamitar el poder judicial con su apoyo a los condenados por golpistas, que salían, 6 horas al día, de prisión con menos de seis meses después de la sentencia. Ha consentido que su socio ningunee al Jefe del Estado y le eche en cara usar uniforme como si sus ídolos Castro y Chavez vistieran de ursulinas, sin olvidar sus propios desplantes que ya fueron materia de un artículo:


Resulta incomprensible que en un estado tan excepcional como el que vive España, con tres plazos ya decretados de alarma y con cuarenta días de confinamiento de los ciudadanos, Pedro Sánchez haya eludido consultar siquiera al Consejo de Estado. El artículo 21.10 de la Ley del Consejo establece que este órgano «deberá» ser expresamente consultado en «asuntos de Estado a los que el Gobierno reconozca especial trascendencia o repercusión». Si no son motivos de «especial trascendencia o repercusión» 30.000 fallecidos, un rosario de prórrogas de la alarma, millones de españoles sometidos a un encierro forzoso y una recesión económica en ciernes, ¿a qué le conceden relevancia Sánchez e Iglesias? En una democracia, la Justicia ejerce un contrapeso frente a los excesos de los otros poderes, pero en esta ocasión el Gobierno se ha propuesto deslegitimar todo excepto su caprichoso concepto de la legalidad. Acaba de presentar su plan de transición a la nueva vida, sin consultar con los partidos de la oposición aunque no se cansa de ofrecer un pacto al PP. Pide la adhesión incondicional.

Ahora resulta que se puede quemar públicamente la bandera española, la foto del rey, la constitución..., pero no se puede poner en solfa la actuación del gobierno ni propagar por las redes bulos contra el gobierno; el vicepresidente puede ponerse como la bicha del pantano contra una sentencia a una representante de su partido, olvidando que él está en el legislativo y que sus socios lo justifiquen como libertad de expresión. No se le puede hacer un scrache a él pero él si podía hacérselos a Felipe Gonzalez o Rosa Díez. El control del ejecutivo por el Congreso es prácticamente inexistente y cuelan en sus decretos nombramientos como el de Iglesias para el CNI, el traspaso opaco de 900.000 funcionarios a la caja de la S.S. o la eliminación de la sede de la policía nacional en Barcelona para transformarla en un memorándum contra los abusos de la referida policía durante la dictadura; naturalmente se ensalzará a Companys que consintió la muerte violenta de más de 8.000 catalanes durante la G.C.; muchos pensarían que si el resultado hubiera sido el contrario, cuantos más habrían caído.

Pues bien, la borrachera del poder parece cegar a Pedro Sanchez que no oculta que siente pánico al abandono de la extrema izquierda y se ha convertido en rehén de unos socios que lo desprecian y aprovechan los momentos de crisis para mediante la revolución, alcanzar el Nirvana comunista y la independencia. Para ello lanzan una serie de anzuelos como la renta básica, compra de votos; aprobado general para los votantes de mañana; decretos anti despido y anti desahucio... con un preocupante aumento en el número de personas que viven del dinero público. En total, hay 20 millones de ciudadanos en estas circunstancias, bien sea a través de la percepción de una pensión o debido al pago de las ayudas que se están aprobando o que ya estaban en vigor antes de la crisis. Volvemos a los EREs, PER, cursos de formación, etc.


El Gobierno social-comunista de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias está utilizando, el en sus manos muy peligroso estado de alarma para imponer de manera antidemocrática sus proyectos más tóxicos y liberticidas. Repárese si no en las prisas del ministerio de la descalificable Isabel Celaá ("Los niños no son de los padres") para tramitar de urgencia una reforma de la Ley de Educación que no ha sido consultada con los sectores más directamente afectados ni debidamente analizada por la oposición, con vistas a la elaboración de las preceptivas enmiendas. Así ya van más de 100 Decretos Ley sin control parlamentario y los más 500 millones de compras a dedo con la escusa legal de la urgencia. Prepotencia dictatorial absoluta, como la que buscan con el control judicial al traspasar la instrucción de las demandas a la fiscalía, sacándolas de los jueces.


Pero el problema no es Pablo Iglesias; el problema es Pedro Sánchez. Pablo Iglesias, como afirmó Vargas Llosa en la excelente entrevista de Rafa Latorre en EL MUNDO, no ha engañado a nadie y adora públicamente al golpista fallido de 1992, Hugo Chavez. Piensa lo que piensa y tiene todo el derecho a hacerlo. En la Monarquía de todos, en la Monarquía parlamentaria que Don Juan III defendió desde el exilio contra la dictadura de Franco, claro que caben las ciudadanas y los ciudadanos que piensan como Pablo Iglesias. El político que engañó a sus votantes durante la campaña electoral fue Sanchez pues Iglesias siempre ofreció el gobierno de coalición. Todo es mentira en este personaje, menos los más de 40.000 muertos que va a dejar en el camino.


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